Sin rumbo...
Con destino.
¿Alguna vez han salido a pasear sin rumbo?
A mí me
encanta salir sin saber a donde voy a parar. Ya sea en un vehículo o caminando,
me gusta hacerlo. Así descubro nuevos lugares, 'spots' interesantes y nueva
gente. Es verdad que en este país a veces es alguito difícil hacerlo. Debes
estar consciente de la criminalidad y no sólo eso, tienes que tener aunque sea
RD$300.00 por si acaso (si andas a pie), y con lo caro que esta el combustible,
tú mismo puedes hacerte la cotización dependiendo de qué tan lejos quieras
llegar.
Par de veces he salido sin dinero, o sea ¡cero pesos! Y me ha ido bien... La mayoría de las veces. Hace un par de años me aleje muchísimo de casa y como que me perdí. Camine mucho, eso sí. Andaba con la tarjeta del metro en el bolsillo de mi pantalón, tenía como dos viajes, ¡pero imagínate! Coger para la Kennedy a buscar una parada, eeeeh... ¡No! y yo no sabía cómo regresar, todavía es que no recuerdo donde estaba y me pare en la calle a pedir un motor. ¡Ya tú sabes! Yo le dije al motoconchista que me diera el número de celular para pagarle después, primera vez que soy yo la que pide el número... Y nada, me dijo que lo dejara así y hasta un gatorade me compró. Más nunca lo he visto pero Dios lo bendiga a ese señor.
Soy muy confiada al andar en la calle, cosa que criticaba mucho mi familia y ahora también mi novio, porque la calle esta dura y todo lo demás; hasta mis vecinos se preocupaban y me daban "bola" de una cuadra a otra, cosa que me encontraba innecesaria, pero que hoy aprecio.
Me gusta salir a caminar con gente que sea confiada como yo, mi prima es una de ellas. Confieso que tengo un tiempo que no comparto con ella, pero cuando lo hacemos disfruto hasta lo más mínimo.
En mi
opinión, la compañía ideal para salir sin rumbo es una persona confiada y
segura, alguien que tenga intereses parecidos a los tuyos, una imagen positiva
de las cosas, una actitud dispuesta y también paciencia.
Nunca me
han atracado ¡gracias a Dios! Sí, gracias a Dios por acompañarme a donde quiera
que vaya. Una vez, acompañando a una amiga a su casa, estuvieron a punto de
atracarnos. Yo andaba con mi celular, el celular de ella y una billetera; mi
amiga tenía una cartera. Los hombres que intentaron atracarnos se acercaron
rápido en un motor, nos "esquinearon" como dicen; le dije a ella que
no los mirara y que se quedara tranquila con las manos pegadas al cuerpo. Ellos
no notaron que tenía los celulares porque no los guarde en un bolsillo, lo que hice fue ponerme uno
debajo de cada brazo y me hice la asustada, (fría con los brazos pegados al
cuerpo y mi amiga le dio su cartera, que por suerte no era cara. Me imagino la
tremenda sorpresa que se llevaron esos ladrones cuando dentro de la carterita
encontraron solo una botella de agua vacía, una factura de Krispie Kream y una
indicación odontológica. No pude evitar reírme cuando se fueron. Aún recuerdo a
mi amiga temblorosa y seria diciéndome "yo no sé como tú puedes reírte
después de algo así" y yo solo me reía más imaginándome la cara de esos
tipos al ver la botella para colmo vacía y los papeles. No se llevaron ni el
brillo labial de ella porque se había quedado en mi casa. Todavía hoy me
sigue causando gracia.
Bueno, supongo que ya es tiempo de que salgamos de esta larga introducción para pasar a las fotos.
El mes pasado hice varios viajes sin rumbo y de bajo presupuesto. Cero complicaciones, cero restaurantes, cero villas u hotel. La olla esta fuerte, so...
Fin de
semana largo del día del trabajo.
"Pero
baby, yo soy una sirena y tengo como dos semanas que no voy a la playa. Tenemos
que ir" estas
fueron mis palabras la mañana del lunes (día de fiesta) a lo que él (mi
"baby" haha) me contestó: "Déjame ver si hay olita, pa'
coge' par y agarra' la tabla". Cuando él me dijo eso, cruelmente
lo primero que pensé es que no iríamos a chillear en una
playita, sino que iríamos a una playa de surfers y yo me tendría que quedar
cuidando a Sashy, la perrita. Por lo tanto, lo único que empaqué en el bulto
fue un protector solar, un bikini (por si acaso), una blusa y el cargador de mi
celular. Él me felicito por alistarme en menos tiempo que él, sin saber que la
razón fue que no me había preparado bien para salir. Me anime diciéndome que
por lo menos vería el mar y salimos sin rumbo, con un destino fijo: alguna
playa.
Para días como este, adoro tener una Beats Pill XL, amo mi bocina; el único detalle es que no lleve conmigo el cargador y se apagó de camino a Juan Dolio.
Jurado, en mi vida nunca había visto tantos vendedores de coco en una sola
ruta, like Wow!
AMO el agua de coco, el olor del coco, los cocos…
Antes de continuar nuestra ruta hacia Juan Dolio, cruzamos al otro lado de la calle y como quien dice abrimos un colmado para comprar una Presidente. Yo me estaba tomando el agua de coco y adivinen qué se me ocurrió…
¡Sí! Agua
de coco con cerveza. La verdad no sabía mal, pero prefiero las cervezas amargas
y fuertes.Pues sí, para no alargar mucho la historia, pasamos por Juan Dolio y no habíamos planeado bien la excusa para no pagarle al tipo (de esos que privan en que la calle es de ellos y pueden cobrar por la renta de un pedazo) y nos fuimos. Esa playa estaba que parecía Boca Chica en Año Nuevo, como si todos hubiesen descubierto que la playa es pública y que aún no te cobran por sentir el agua del mar… ¡Ok! La alargué un poco.
Apropósito, fue gracias a Sashi que nos acomodamos allí toda la tarde, ya que ella no dejaba de perseguir un caballo, David y yo nos sentíamos como padres, preocupados por ella, persiguiéndola, llamándola, advirtiéndole peligro y reprochándole cuando no nos hacía caso. Un señor se acercó a David y se quedaron conversando un rato mientras yo buscaba conchas de mar en la playa. Para resumir un poco, el caballo era de sus vecinos, Sashi continuó comportándose como una niña malcriada; como siempre alguien me acosa, eso no se queda (risas) y el simpático hombre nos invitó a su casa, nos acogió humildemente e incluso nos cocinó, luego de que saliéramos a comprar comida juntos; él nos hizo sentir como si fuésemos parte de su familia y… Chan-cha-na-nan… Nos prestó su motor y salimos a pasear como los locos que somos.
Todo estaba
increíblemente oscuro, tanto que a penas podíamos vernos con claridad. Le
propuse que nos quitáramos el bañador, él temía que algo pasara pero como toda
una Eva, lo convencí con el simple gesto de lanzarle mi top a
la cara.
Acomodamos
nuestras cosas al lado del camino a la casa, y mi Adam y yo corrimos a las Olas
en compañía de Sashi. Hubo un momento en que nos asustamos porque no lográbamos
ver a la perrita, hasta que vimos que la loquita estaba corriendo en la arena y
aprovechamos esos nervios para acercarnos un poco más. Las olas golpeaban
fuerte, tanto que no logramos nada más que divertirnos. Decidimos nadar un poco
y de repente una comezón. ¡Mierquina! Sí que picaba. Salimos y suerte que me
puse el bikini top del color que era, ya que mi bañador de ese
día era reversible (risas).
Nuestro
plan era salir en la madrugada, pero como me tocaba a mí manejar, ¡ésta que
está aquí no iba a coger ese trote no! Y salimos para Santo Domingo como en eso
de las 10pm. Antes de hacerlo nos acicalamos, bañamos también a Sashi y
nos pusimos cómodos a hablar con nuestro anfitrión. Le tomamos un gran cariño y
nos pasamos los números para la próxima vez que visitemos Nagua.
En fin...
Ambos llegamos a la casa con un sueño, que la verdad ni recuerdo como nos
dormimos. Que pena por él, ya que tenía que trabajar y yo... Yo pude dormir
¡yay!
Este fue
uno de mis viajes sin rumbo y el primero que comparto con ustedes. Espero que
les haya gustado y que me dejen comentarios.
Gracias por
nadar por aquí.
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Marivi Soto
Marivi Soto